21-abr-2008

De amistades grupales

Dedicado a todo aquel que crea que lo considero mi amigo
(incluso a los que se equivoquen)


Conservar a los amigos a veces es difícil. No porque uno sea un garca sino por los desfasajes de tiempos que se dan naturalmente en una vida de apuros constantes ("acelero, freno, claxon, claxon, claxon, acelero") Uno tiene cosas que hacer, ya sea para el laburo, para sus estudios, proyectos personales, parejas, etc., y de golpe cae en la cuenta de que hace como dos meses que no ve a fulanito, otrora su amigo inseparable que a su vez está también disputando su miserable ración diaria de veinticuatro horas entre sus múltiples ocupaciones.

Esta situación se presenta también a nivel grupal. Un buen grupo de amigos se conserva en el tiempo como tal, no por su incondicional afecto ni mutua simpatía, sino (y sólo si) sus miembros interactúan individualmente. Está comprobado científicamente que en un grupo de más de tres personas, algunos de sus integrantes tendrán una leve reciprocidad horaria como para reunirse esporádicamente (pura probabilidad, por supuesto.) Supongamos que tenemos un grupo de 5 personas (bastante común) que no se junta desde hace mucho tiempo con tanto despiole. La natualeza del grupo, como concepto, como idea o abstracción en algún pasado remoto frecuentemente cristalizada los fines de semana, permanecerá intacta si sus miembros, por separado, se reúnen a veces y dicen cosas como esta: "che hace mucho que no nos juntamos todos, tenemos que hacer algo" Efectivamente (casi) nunca se hace nada, pero esa protesta recurrente, ese reproche a la providencia, a la maldita providencia que nos da esta monolítica rutina con apenas pequeñas aberturas donde se escapa un amigo de vez en cuando, pero jamás dos (y ni hablar de tres), esa queja devenida en leit motive de una amistad grupal memorizada, mantiene en las mentes de los integrantes la vaga noción de que existe un grupo. Existe un vínculo, un hilo invisible; casi inasible, sí, pero está ahí. Y eventualmente sale un fin de semana largo, alguna alineación de planetas, un cumpleaños, un cacerolazo, algo que los hace a todos presentes, en un mismo tiempo y espacio. El reencuentro es un momento de nostálgica felicidad. De revivir épocas pasadas en su momento tan ingratas como el mismísimo secundario, pero que hoy están empapadas de la viveza de un sarcasmo de clase media que todo lo entiende, todo lo supera.
"Ahora hay que vernos más seguido, eh" dice algún pobre iluso cuando culmina la velada. Y así, solamente así, sigue la vida.

3 personas saltaron:

Lorena dijo...

Me siento cerca aunque la vida apeste de tantos compromisos. Aunque muchos de ellos efectivamente los disfrute.
Me siento cerca porque me conoces, porque te leo, porque te escucho y porque no importa si hace dos meses que no te veo. Siempre vas a ser Nico para mi y siempre voy a ser Lore para vos. Me siento cerca porque te quiero.
Esta bueno eso.

N. Canedo dijo...

snif snif

yes, the river knows dijo...

leitmotiv