Si yo dijera que de la serie Los Simpsons el personaje de Lisa es el mejor, y si un número de personas considerables leyera este blog, recibiría seguramente infinidad de comentarios diciéndome lo equivocado que estoy. Por eso es que no lo voy a decir. Pero sí quiero disentir con aquellos que no aprecian la enorme importancia de este personaje en la serie.
Más allá de ser un mero entretenimiento creo que Los Simpsons es un programa que además de ser muy divertido está muy bien pensado. Demasiado bien a veces.
Ultimamente no se pueden ni ver, o al menos yo no puedo. Aún así, en sus buenas épocas (para mi gusto de las temporadas 1 a la 9) era claro que el humor se construía a través de la parodia de una sociedad que existía del otro lado de la pantalla. Interpelaba al espectador en su experiencia más cotidiana sobre temas propios de la cultura norteamericana (que incluso han sabido relacionarse con los modos de vida de muchas otras sociedades, como la nuestra) En Los Simpsons, no importaba si se estaba hablando del gobierno, de la policía, la educación estatal, la televisión o las celebridades, siempre se hacía desde la altura de una ironía que lo situaba a uno ante la ridiculez del mundo expuesta.
El pueblo de Springfield, una perfecta condensación de todo lo que es norteamericano, presentaba una multiplicidad de personajes, todos estereotipos reminicentes a distintos actores sociales relevantes. El despiadado empresario conservador en el Sr. Burns, la corrupta e ineficaz policía en el Jefe Gorgory, la decadencia del periodismo y su tono más amarillista e inconsecuente en Kent Brockman, etc. La ambigüedad que suscita el desconocimiento

total del paradero de Springfield permite que los personajes de la serie se porten un día como pueblerinos sureños y al otro como recidentes de una metropolis mediana, dependiendo de qué es lo que se quiera contar en cada episodio.
Y en el centro de la escena tenemos a los Simpson, una familia modelo, LA familia de springfield por excelencia. ¿No es acaso Homero Simpson la síntesis perfecta de todo lo que ese pueblo representa? Homero logró obtener y conservar el protagonismo de la serie no por ser el mejor personaje (que para mí no lo es) sino por ser la más clara expresión de todo el patetismo que la serie intentaba denunciar. Homero es torpe, egoista, mal padre, ignorante, perezoso, alcoholico, lujurioso y agresivo. Todo mal que en distintos personajes ajenos a la familia se encuentre exacerbado por la especificidad del estereotipo que le corresponde, en Homero se encuentra efectivamente presente. La contraparte de ello es que Homero en el fondo es un buen hombre, sensible, que simplemente fracasa por su torpeza pero finalmente puede comprender lo escasamente necesario para redimirse (momentaneamente) del problema de turno. Esta contracara del personaje sirve para darle a la serie el equilibrio que necesita y que la iteración sea verosimil.
¿De que hablamos cuando decimos iteración? Los Simpsons es el tipo de programa (como muchos dibujos animados) donde el tiempo parece no existir, o a lo sumo existe según la conveniencia de los escritores para lo que se quiera contar. Se vive en un mundo generalmente de reiteración donde lo acontecido en un episodio no incide en el capitulo posterior. Para ello siempre tiene que lograrse al final de cada episodio restaurar el estado de armonía inicial que es alterado por algún conflicto. Por ser un anti-heroe, Homero suele ser muchas veces el generador del conflicto, debido a una conducta reprobable en tantos aspectos que ubica a cualquier espectador, por nefasto que este sea, en una condición de superioridad tanto moral como intelectual que permite entender lo que ocurre como patético y divertirse con ello. Para devolver el equilibrio inicial arrebatado por la conducta del personaje, es necesario que reflexione sobre lo mal que obró y demuestre a pesar de todo tener un lado sensible, de modo tal que sea verosimil su permanencia en un trabajo para el cual no sirve, la estabilidad de su matrimonio, de su familia, etc.
Queda claro que Homero refleja todo lo que es reprobable. Homero nos sitúa en un pedestal donde siempre hay alguien más estupido que nosotros, y es él. Reirse de Homero es reirse del tonto, del que obra de forma alevosamente ilógica, del ignorante,

del hombre más mediocre en el paroxismo de lo grotezco.
Pero al comienzo hablabamos de Lisa, un personaje fundamental. Por supuesto que no podría jamás disputarle a Homero su lugar como protagonista por diversas cuestiones, pero lejos está de cualquier cosa semejante. Una ficción está bien planteada cuando nada sobra, y en calidad de personajes, el excedente innecesario es un error bastante reiterado en nuestra ficción local que vive presentándonos personajes poco interesantes, repetitivos, que bien podrían no exisitir sin repercusiones mayores. Quizás el problema de las ficciones locales (sobre todo de emisión diaria, que siempre son un desastre) es no poder salirse nunca de lo que es puramente literal y vislumbrarse como una construcción discursiva que interpela a un espectador. Quiero decir que un personaje no es una persona, sino un fragmento de discurso que interactuará mejor o peor con el espectador en la construcción de ese juego mutuo que es el relato. Dentro del mundo de la ficción (la diégesis), el personaje tendrá su historía, sus motivaciones, sus pesares, en resumen, el personaje que hace de persona tiene su psicología, que es parte del mundo ficcional. No obstante, en tanto fragmento de un discurso, en tanto puesta en escena de algo que está siendo contado por alguién a un otro, el personaje es parte de una estructura, y dependerá de cómo funcionen todas las partes el éxito del relato, de lo que se quiere contar.
Lisa Simpson cumple un rol en la serie que me gusta llamar "el apuntador". Es quién nos pone al tanto de lo patético de las situaciones acontecidas, es quién nos comenta algo que sabemos o intuimos, pero al hacerlo explícito refuerza esa distancia de nosotros para con el mundo observado. Veamos un ejemplo:
Homero -
Ah, la patrulla antiosos funciona de maravilla, ni un sólo oso a la vista.Lisa -
Eso es autocomplacencia, papá.H-
Gracias, nena.L -
Según tu lógica puedo espantar tigres con esta piedra.H -
¿Y cómo funciona?L
- No Funciona. Pero yo no veo ningún tigre cerca, ¿y tú?H -
Lisa, quiero comprarte tu piedra.Lisa hace alevosa una cuestión que percibe incipientemente el espectador pero que al ser asumida por el programa refuerza lo cómico. Por supuesto que nos reimos de Homero, y no de Lisa, ya que como decíamos antes, es Homero quien aparece a kilómetros debajo de nosotros, el tonto del pueblo, pero es Lisa quien nos conduce a esa distancia a la cual muchas veces no podemos llegar por nosotros mismos.

Lisa es el apuntador porque su funcion es metadiscursiva, es el programa hablando de sí mismo. Cuando Bart consigue trabajo en el programa de Krusty el payaso haciendo reir a la audiencia con la muletilla "yo no fui", Lisa es el único personaje que resalta la transitoriedad del éxito basado en un gag redundante y no muy inteligente. Se hace manifiesto al final del episodio: la carrera de Bart concluye con el hartazgo del público. Lisa le dice "ahora puedes dejar de ser una frase vacía e insulsa"; acto seguido comienza una serie de muletillas de distintos personajes de la serie que aparecen en la casa sin explicación alguna (lo cual hace más evidente que están forzosamente incluidos en la escena con la intención del programa de dar algo a entender). Todos se quedan mirando a Lisa esperando su muletilla, pero ella guarda silencio y se retira indignada. Lisa toma distancia, es el único personaje que comprende lo bárbaro y mundano de la sociedad en la que se haya inserto, y debe ser así para que exista al menos un fragmento de la serie que nos diga "esto de lo que nos reímos es lamentable".
Para resguardar la iteración el personaje de Lisa nunca debe ser tomado en serio, porque eso haría que los personajes aprendan, cambien, crezcan, "se acerquen un paso más a la muerte" como diría Umberto Eco en El Mito de Superman (Apocalípticos e Integrados). Simplemente nos muesta lo patético del mundo ficcional como una situación irremediable.

El papel de Marge es un tanto similar al de Lisa por momentos, pero la diferencia entre ambos personajes es muy interesante. Mientras Lisa todo lo induce desde el intelecto, la razón y sus amplios conocimientos, fruto de ardua lectura, Marge habla siempre desde el sentido común, entiéndase como aquello que esta al alcance de la percepción y el entendimiento según lo convencional. Marge puede desempeñar el rol de apuntador en ciertas ocasiones (no con la frecuencia ni el nivel de Lisa) pero siempre lo hará desde lo que puede ver y oir, sin deducir informaciones ni realizando elucubraciones intelectuales complejas. Eso se evidencia en el episodio del Monorriel. Principalmente es Lisa quien, en medio del fervor inconsciente del pueblo, se cuestiona por qué motivo se intenta inculcar un sistema de transporte como tal en un pueblo pequeño y centralizado. Pero el episodio debía ser de Marge y no de Lisa, por lo que se la hace a un lado: el vendedor del Monorriel evade la pregunta elogiándola y Lisa, para el bien del capítulo de Marge se conforma. No sería sino hasta más tarde cuando Marge se de cuenta que el Monorriel se trató de una estafa, pero para ello tendrá que entrar en la oficina del vendedor y ver unos muy forzosamente explícitos dibujos que este realizó, ilustrando su plan malvado (la situación es brillantemente cómica).
Tampoco nos olvidemos del episodio en el que Lisa encuentra el supuesto esqueleto de un ángel. La disputa entre la ciencia y la religión, tema central del episodio, se manifiesta con mayor fuerza en los personajes de Lisa y Marge, la razón contra la fe (el sentido común, creer en lo instituido, lo que está dado). Finalmente ese episodio termina con Lisa estando en lo correcto sobre la inexistencia de tal ángel, pero Marge le dice "tienes que aceptar que cuando el ángel hablo me apretaste la mano muy fuerte". "Gracias por apretarme tú también", responde Lisa.
Con todo esto, creo que se puede empezar a ver ciertos roles que juegan los personajes de esta ficción tan aclamada. Quizás vuelva a escribir sobre esto en otro momento.
Sayonara
