
A los que nos gusta, nos agarra esa sensación, esas ganas. ¿Quién no quiere ser un poco, Gregory House? Decir las cosas como son, con alguna destreza sarcástica y ser super ingenioso. Pero no podemos, porque a diferencia de House, no somos los mejores. No poseemos ese talento inigualable ni somos infalibles. Qué fácil que es mandarnos a la mierda a nosotros, las personas comunes y corrientes. House solo puede existir en un mundo escrito para él, y eso es lo que encanta.
¿Por qué mostrar gente corriente en la televisión? Si eso somos todos los días.
Aprendan de House. Exageren.