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14-abr-2008

Los Simpsons y Perón.



Salió una nota en Clarín titulada "Quieren pohibir a los Simpsons". La propuesta fue realizada por un diputado justicialista indignado por una mención en la serie al General Perón. El último parrafo de la nota nos cuenta:

Cuando el cantinero propone abolir la democracia, Lenny interviene con su comentario que se refiere a Perón como un "dictador" y a las desapariciones. Su amigo Carl remata: "Su esposa (la de Perón) era Madonna", en alusión a la comedia musical y superproducción hollywoodense "Evita", en la que la cantante personificaba a Eva Perón. El capítulo no menciona a la Argentina.

Yo que soy muy bueno les dejo el videito de youtube para que lo vean por ustedes mismos. Primero verán que Clarín confunde a Lenny con Carl ("los blancos tienen nombres como Lenny y los negros tienen nombres como Carl") Pero lo triste va mas allá de eso. La pacatería de este país no tiene límites. Bueno, al menos la pacatería de este diputado que solo se podra traspolar a la jurisdicción nacional si esta propuesta es siquiera considerada por más de un minuto.

Si bien no entiendo qué clase de espectador norteamericano de los Simpsons pueda entender este chiste que requiere de medianos conocimientos de la historia argentina (pais que la mayoría de los yankees no saben ni ubicar en el mapa), el gag consiste claramente en una aberración histórica donde se mezcla a Perón con los desaparecidos que corresponden a momentos diferentes. Esa es la gracia precisamente. En el contexto de una charla sobre política entre los personajes, se exhibe su ignorancia para deslegitimar la seriedad de su conversación. O sea, ya hemos dado cuenta en este blog de como funcionan ciertos mecanismos del humor Simpsons, y este claramente se encuadra en el eterno "reirse del tonto." Bueno, Carl es un tonto por confundir a Perón con la dictadura militar y los desaparecidos y Lenny remata diciendo "además su esposa es Madonna" (chiste que no hacía falta explicar.) Ni hablar de lo rebuscado que resulta en una charla entre norteamericanos ignorantes hacer alusión a un gobierno sudamericano de mediados de los 40.

No creo que en Estados Unidos se haya entendido muy bien este chiste, pero no veo nada de malo en que esto llegue a nuestro país. Quizás caiga mal siendo que está en una serie norteamericana, y eso lo puedo aceptar medianamente, pero creo que los argentinos deberíamos de una buena vez adoptar un humor más absurdo y reirnos más de nosotros mismos.

27-mar-2008

Retenciones para unos, Banderitas argentinas para otros

Mito rural: la argentina es el campo.

No. La argentina no es el campo. La argentina es un país que desde que se fundo está en manos de terratenientes que privilegiaban sus relaciones de comercio exterior con Inglaterra al fortalecimiento de un mercado interno y al abastecimiento de la población. La argentina, como país, tuvo su lugar en la economía mundial desde un principio como proveedor de productos agrícolas a los paises centrales, que eran industriales y nos retribuían con manufacturas. En un mundo donde lo que proliferaba era el capitalismo, cuyo soporte es la actividad industrial, la posición de argentina (como la de otros paises) era de sometimiento a los paises centrales, y las políticas de sus dirigentes, en su mayoría provenientes de la aristocracia rural, tendían a aletargar ese posicionamiento en el esquema mundial para que sus intereses de clase se vean satisfechos.
En 1930, con la crisis, Inglaterra nos dejó de comprar, para privilegiar solo las exportaciones de sus colonias. Por eso se tuvo que adoptar un nuevo modelo económico que proveyera a la población de la manufactura ahora faltante. Este segundo momento de la economía argentina, se llamó Modelo de Sustición de Importaciones, y era para la aristocracia rural una forma provisoria de apaciguar las cosas. Luego, con el gobierno de Perón, lo que se pensó como provisorio pasó a ser un elemento inamovible del escenario político local: la industria llegó para quedarse.
Es cierto que la industrialización en este país no fue realizada de lleno, sinó de forma tal que devino en una nueva dependencia para con los paises centrales nucleada en la provisión de insumos y maquinaria. También es cierto que las subvensiones para la industría requerían de un mínimo de retenciones a la actividad agropecuaria, la cual obtenía ganancias en el mercado exterior.
Un plan de industrialización más radical, acompañado de un proyecto de descentralización económica hubiese podido hacer más por el país, seguramente, pero de esto que nos deja la historia yo saco dos conclusiones que me parecen relevantes con respecto a lo que pasa hoy:

1- La actividad industrial debe ser el fundamento de cualquier país que busque su desarrollo. Debe realizarse con el incentivo del Estado, y sus objetivos han de proyectarse dentro y fuera del país, tanto en lo económico como en lo político.

2- La actividad agropecuaria debe fundamentalmente abastecer las necesidades de la propia sociedad y no privilegiar las grandes ganancias del comercio exterior por sobre ellas. Por ello debe haber retenciones, puesto que la economía no nace de la buena voluntad de sus actores individuales (menos que menos del empresariado fuerte) sino de una planificación estatal organizada.


Mito gubernamental: la distribución de la riqueza.

Decir que toda la actividad agropecuaria en su totalidad es llevada a cabo por "oligarcas" y opulentos es un acto de demagogia. No es ni el primero ni será el último de este gobierno, que tan acostumbrados nos tiene a la apropiación de ciertos lugares comunes de los discursos populistas y de izquierda propios de la decada del 70.
Es cierto que las retenciones actuales perjudican a muchos productores pequeños y medianos, que encima tienen el disgusto de verse incluidos en esa gran bolsa en la que el discurso de la presidenta ha metido a todos los que trabajan en el agro.
¿Todo esto por qué? Por la distribución de la riqueza. Por la justicia social. Porque los ricos no sean tan ricos ni los pobres tan pobres. Esta maniobra discursiva del gobierno que busca enfrentar al campo con la ciudad, y que evidentemente no está funcionado, es otra de las tantas formas de enmascarar las diferencias de clase. Así como es un mito de nuestra pseudo-democracia la división "clase política"/"la gente", esta segmentación como cualquier otra que se haga al margen de las diferencias de clase, no hacen mas que encubrir de manera demagógica un problema nunca atendido, que sin duda generaría mucho más conflicto (necesario, aún así para un proyecto político serio.)
Esta medida pejudica más a los pequeños productores que a la gran aristocracia rural contra la cual envisten sus palabras y no sus hechos. Si quisieran hacer tal cosa realmente, solo hacen falta dos palabras: Reforma agraria. Y ahí sí que se va a armar quilombo.

***

A todo esto, los medios, los queridísimos medios de comunicación demuestran a aquel que sepa ver, su despreciable conducta. ¿Dónde está el caos vehicular ahora? Los agropecuarios cortan rutas y calles, desabastecen supermercados de productos de primera necesidad, y se ofenden cuando Anibal Fernandez dice "si no se van de ahí van a ir todos presos." ¿Ahora sí es legítimo impedir la circulación, no sólo de transporte, sino de mercadería? Por favor.

21-mar-2008

Casualidades históricas

"La naturaleza sesgada y unilateral de los argumentos neoconservadores se puede apreciar claramente en el concepto de fallos del sector público. Se ignora completamente el hecho de que la actividad gubernamental no es del mismo tipo que la desarrollada por, digamos, un empresario en la búsqueda de beneficio, o un equipo de futbol intentando ganar un campeonato."

Este fragmento del texto de Ramesh Mishra, "El Estado de Bienestar en crisis", plantea una crítica a las "recetas" neoliberales que se impusieron en el escenario político mundial con los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en sus versiones democráticas y con las dictaduras militares latinoamericanas, empezando por Pinochet.

No sé qué será, pero hay algo de este fragmento que me resulta muy familiar... como si estuviera pasando hoy... acá... en Buenos Aires... ¿qué será?

20-feb-2008

Cuba

Despues de leer todo lo que se dijo en los diarios hoy sobre la renuncia de Fidel, no podía omitir referencia alguna a semejante acontecimiento.
No soy politólogo ni historiador, por lo que no está a mi alcance un buen análisis de la situación. Soy simplemente un simpatizante del gobierno cubano, y un partidario ferviente de la revolución que tuvo lugar en ese país en el ´59.

Cuba representa, para mí, el último resavio del antiimperialismo latinoamericano que su propia revolución exacervó a mediados del siglo pasado. Nada tienen que ver mis simpatías para con el régimen su alineamiento con la U.R.S.S. post-estalinista de dudosa consecuencia ideológica con los preceptos revolucionarios. Se trata de los ánimos que despertó en latinoamerica, encarnados en la excelsa figura del Che Guevara, cuyas iniciativas posteriores a su partida de Cuba no fueron siempre ni muy bienvenidas ni muy apoyadas por el gobierno de Fidel Castro.

Aún así, quiero expresar mi apoyo y afecto para con el pueblo cubano y su gobierno. Mientras en Miami, muchos se relamen pensando en su inminente regreso a la isla, de la mano de la providencia capitalista del Tio Sam, otros pensamos que la renuncia de Castro no representa ni por asomo la caida del socialismo en la última porción del planeta que aún le queda, tras el desmembramiento de la Unión Soviética y la mundialización del liberalismo.

Tan necesaria como siempre lo ha sido, la fraternidad de los paises latinoamericanos, que es fundamental para la emancipación de sus pueblos, debería hacerse en torno a la causa emprendida por los revolucionarios que en el ´59 le devolvieron a los cubanos su soberanía, arrebatada de las manos del despotismo de Batista, satélite del capitalismo. Los pueblos de latinoamérica deben abrazar la causa revolucionaria así como acompañar a Cuba en los momentos de cambio que le esperan. Es mi mas sincero deseo que así sea.

15-ene-2008

Los Violentos


Los que adherimos al pensamiento de izquierda bien sabemos que la política es un terreno de conflicto. Tiene que serlo si partimos de que entendemos como motor de la historia a la lucha de clases por la apropiación de los medios de producción tanto materiales como simbólicos.
El sentido común nos habla sin embargo de la política como un espacio para el acuerdo y la cooperación entre las personas, las cuales indistintamente de su procedencia socioeconómica o cultural, parecen tener todos los mismos principios y concepciones sobre lo que está bien y lo que está mal.

Desde esa lógica se encara frecuentemente el tema que tan harto tiene a tantos taxistas: las manifestaciones públicas. Estas implican todo tipo de aglomeración de personas obstruyendo zonas de circulación de vehículos, generalmente en las inmediaciones del centro de la ciudad, ya sean marchas o piquetes.
El tema de las manifestaciones acarrea mucha pasión, y se ha vuelto como una especie de estribillo del ciudadano común de clase media la frase: "protesten sin joder a los demás"
Se le adjudica a los manifestantes el rótulo de violentos. Vagos de mierda que lo único que quieren es romper las pelotas y joder a los ciudadanos honestos que se toman el colectivo todos los santos días para ir a trabajar. "Debe haber otra manera de protestar" dicen todos. Lo que no dice ninguno es cuál es.

Lo cierto es que no abundan, desgraciadamente, las posibilidades de parar a Cristina Kirchner o a Mauricio Macri por la peatonal de Florida para decirles "che nos parece que deberiamos tener trabajo". Tampoco han dado muy buenos resultados, al parecer, los intentos de los empleados del subte decirle a sus patrones "hay que poner más plata porque está andando todo medio mal y es peligroso". Lamentablemente para el buen ciudadano de clase media, trabajador, al que le meten el dedo en el orto desde que se levanta hasta que se acuesta, pasando por su viaje en colectivo atiborrado de personas que ahora pagan el 30% más y por su jornada laboral donde atiende las necesidades de personajes nefastos cuyos intereses impuestos a la fuerza han descarrilado varias veces cualquier tipo de camino hacia una verdadera autoafirmación y concienca nacional y popular y se jacta de que encima no se queja; para ese buen hombre o mujer, no le queda otra que vivir en un país manejado por hijos de puta, que se cagan en los índices de desocupación, en las condiciones insalubres de trabajo y de transporte, todo para llevarse unos buenos mangos a sus cuentas bancarias en el exterior y después difundir a través de sus kioscos privados, mal llamados medios de comunicación, en las bocas de periodistas y opinólogos que vacacionan en Punta del Este, que el problema de la Política es que no hacemos cada uno un cambio interno, que no nos portamos éticamente y no cooperamos, no somos parte del "pacto social", con el cual, ricos y pobres forjaremos una Argentina mejor, una Argentina bendecida por el derrame jugoso de los paises del primer mundo, una Argentina donde sí, habrá ricos y pobres, pero hasta ahí nomás.

¡Basta de pelotudeces! Es ridículo pretender que los movimientos de base que efectúan manifestaciones públicas lo hagan con el beneplácito del Gobierno, sobre todo de un Gobierno encabezado por un imbécil que nació en una cunita de oro. ¿O acaso no fue un acto de violencia cuando el 20 y el 21 de Diciembre la clase media cortó las calles a los cacerolazos y pintarrajearon y destruyeron bancos?

La política es un espacio conflictivo en tanto existen clases sociales que se disputan el control de los medios de producción y la violencia es la única forma en la cual se pueden reivindicar aquellos que nunca fueron más que escenografía humana en los planes de nuestros vendepatrias de siempre. Ellos usan la violencia generando pobreza, desigualdad, ignorancia, privatizaciones, represión, desapariciones, y tantas cosas horribles desde los sillones de sus casas y oficinas, y vos te quejás porque un grupo de desocupados te cortan la calle para que llegues a tu laburo de mierda.

Podemos elegir sentirnos rehenes o compañeros de los que luchan. Sépase que el pacto social y la buena voluntad de cooperación entre todos nunca va a funcionar, porque es precisamente porque existe desigualdad social que existe la violencia, y ningún patrón es patrón sin empleados.